Una de las
principales cosas a la que más atención se le presta durante el proceso de
bajar de peso es a, valga la redundancia, el peso. Ese número que marca la
bascula y que nos permite llevar cuenta de nuestro progreso. Si bien es muy
útil poner un registro de todas las veces que nos pesamos, este no es el único
método para controlar nuestros logros. De hecho va de la mano con algo que no
se suele hacer sin la supervisión de un entrenador o un nutricionista, que es
medir las diferentes partes de tu cuerpo (cuello, bíceps y tríceps, antebrazo,
pecho, cintura, cadera, muslos y pantorrillas) que se ven involucradas en la
perdida de grasa, y son supervisables a simple vista.
Ahora, ¿Por qué se
debe medir además de pesar? ¿No es este último un método infalible? Pues no
necesariamente. De hecho, solo te ayuda a saber el peso total de todo lo que
compone tu cuerpo, no solo el peso de la grasa. Y adivina que compone tu cuerpo
además de grasa… ¡Exacto! Musculo (bueno, y piel, órganos, huesos; se entiende
lo que queremos decir). Las medidas en cambio nos ayudan a saber de una manera
más exacta la densidad (espacio) que ocupa la grasa en nuestro cuerpo, y luego
de haber eliminado el exceso de grasa nos ayuda a saber cuánto musculo hemos
ganado.
Pero no es solo
bascula y medidas, además hay máquinas y fórmulas que calculan nuestro Nivel de Grasa
Corporal e Índice de Masa Corporal, lo cual nos ayuda aún más a saber si
estamos en los límites de salud promedios para nuestra altura y edad, además de
evitar que nos sobrepasemos con los excesos con tal de un peso muy bajo y estar
en la ``línea``. Es importante saber que la densidad de peso que ocupa el
musculo en nuestro cuerpo es mucho menor a la de la grasa, y por tanto podemos
llegar a perder grasa sin perder peso, o perder peso sin perder grasa. Todo
esto dependerá de la calidad en la alimentación y el ejercicio físico.
Hay diferentes consideraciones a tener en cuenta al momento de
abordar una dieta y/o plan de entrenamientos con la finalidad de bajar de peso
o incrementar masa muscular. Estas son:
1. El
peso, medidas corporales, y registros de Nivel de Grasa Corporal e Índice de
Masa Corporal; todo en conjunto, sin dejar nada de lado.
2. Cuanto
tiempo lleva el sujeto en inactividad física y descuido alimenticio, o cuando
tiempo lleva implementando el ejercicio y la nutrición sana a su vida.
3. Presencia
de algún trastorno orgánico y/u hormonales, que impida a la persona generar
resultados a la velocidad de un individuo promedio.
4. Presencia
de algún trastorno mental que pueda impedir o intervenir en los objetivos
planteados, y ocasión un daño al cliente/paciente/alumno.
Es de vital importancia entender que estos últimos
se deben a múltiples factores, y no debemos implicar siquiera que solo se debe
al desconocimiento de la información planteada en este articulo, pero el
conocer (como entrenadores, nutricionistas y/o psicólogos) nos da la
oportunidad de ayudar a alguien que puede ocasionar un daño a si mismo gracias
al desconocimiento, o alguno de los trastornos ya mencionados. Los Trastornos
de la Conducta Alimentaria y de la Ingesta de Alimentos, son de tener cuidado
especialmente, ya que pueden llegar a distorsionan la imagen que una persona
tiene de sí misma, al punto de abordar límites por resultados que probablemente
ya sobrepasaron, pero que su percepción les impide ver.
Es momento de
dejar los prejuicios de lado, y entender que cada persona tiene una batalla
interna, y quizás esta sea con su propia imagen. Respetar el sufrimiento ajeno
y ofrecer ayuda profesional a quien lo necesite, puede incluso salvar una vida.
No seamos indiferentes ante quienes nos necesiten, y ayudaremos a mejorar la
vida de todos. Si algo supera nuestras habilidades, no debemos temer en pedir
ayuda a un profesional.
Referencias:
Asociación
Americana de Psiquiatría, Manual
diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5®), 5a Ed.
Arlington, VA, Asociación Americana de Psiquiatría, 2014.




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